Poesia

Expatriado

Una gaviota trina en el palo mayor de una jaula invisible.

Debajo, unos huesos resecos entonan el himno a la alegría.

Un elixir recalcitrante se disuelve en un vaso de  lejía.

Cae de bruces la tarde sobornando con oro al sol.

Pero no hay sol que valga más de lo que vale un día.

Una barbarie feroz va apartando la humanidad presente.

Un coronel sin galones se sube a un andamio, ausente.

Mil tonos de gris empañan una cacerola hueca de saciedad.

Una tribu de conejos se relaja dando consejos por caridad.

Un pelotón de filibusteros se reúne entorno al jefe rubicundo.

Buscando nuevas palabras para hacer un resumen del mundo.

Pica poco Paco. Cuca, boca, coca

Vaca Paca.

Pura meretriz sin nombre ni cobijo.

Paro cardíaco siguiendo un alijo.

Cálidos abrazos de mentira que son ciertos.

Cuando salgas, mañana, acuérdate de tus muertos.

Esglesia

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Microrelatos

Afortunada

Sandra es una mujer corriente. Con 40 años le diagnosticaron depresión y ansiedad. Aceptó medicarse con mucha reticencia por agotamiento, no por la auténtica percepción de estar sufriendo algún trastorno psiquiátrico.

Al cabo de un mes notó que su espalda estaba libre de contracturas, descansaba mejor por las noches y podía concentrar su atención en las tareas que abordaba a lo largo del día.

Agradecida por la percepción de calma interior. Descubría la posibilidad de conquistar la esperanza y la confianza.

Cuando llevaba 6 meses de tratamiento había recuperado por completo las riendas de su vida. Aceptó, como efecto secundario, la pérdida de la emotividad que había impregnado su carácter. Asumió la serenidad que le proporcionaban los fármacos como un rasgo propio. Se conformó con el cambio enterrando en su memoria la alegría genuina de brillar con luz propia porque había salido de un pozo del que ni siquiera sabía cómo había entrado.

Después de 10 años sigue tomando a escondidas las tres pastillas diarias que le recetó, primero el psiquiatra y después su médico de cabecera.

“Algún día lo dejaré”  — suele repetirse cuando le asalta el sentimiento de culpa.

Vallparadis

 

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Microrelatos

Preparativos

El día no tenía prisa por asomar detrás de las montañas aquella mañana de invierno.

Las cuatrocientas personas que se habían reunido para participar en aquel evento esperaban en silencio la llegada del amanecer.

El fotógrafo se había subido a una palmera para plasmar el instante desde una altura que permitiera inmortalizar los cuerpos desnudos de los asistentes tumbados en la arena en posiciones distendidas.

La agencia de imágenes había sido clara con el encargo. Necesitaban una imagen publicitaria para una empresa de refrescos que tenía que causar impacto emocional a nivel planetario. Para conseguirlo, el departamento de márquetin y publicidad estaba dispuesto a pagar cualquier precio.

La agencia le presentó el proyecto al fotoperiodista más cotizado del mundo, que aceptó encantado el compromiso de encargarse personalmente de todos los detalles.

La campaña publicitaria tenía que aparecer en todos los medios a principios del verano pero había que tener el material editado antes de la primavera.

No resultó difícil encontrar figurantes para la Mise-en-scène que pretendía crear el célebre artista. Un simple anuncio en internet saturó el servidor de la agencia a los cinco minutos de ser publicado.

Los requisitos para participar no eran muy exigentes. Servía cualquier adulto que no tuviera reparos en posar desnudo para una foto. La edad, el peso, el sexo, la apariencia física o la experiencia previa no eran condiciones excluyentes.

Habían quedado a las cinco de la mañana en una playa paradisíaca que habían dividido en tres zonas para agilizar los preparativos. Los organizadores habían repartido una bolsa de plástico con el nombre de cada participante para que fueran dejando dentro su ropa y todas sus pertinencias.

El director artístico había ido dando las instrucciones necesarias hasta que consideró que todo el mundo estaba en la posición correcta y perfecta para tomar la foto en el momento exacto de la salida del sol a las 7:05 h.

Eran las 7 en punto de la mañana cuando una gran masa de agua que se desplazaba vertiginosa hacia la costa barrió de un plumazo la escena.

El sol salió exactamente a la hora prevista saludando radiante el nuevo día.

Unos meses más tarde, un prosista africano escribió una novela negra inspirada en aquella tragedia desconcertante y asombrosa. Su obra llegó a las listas de las novelas más vendidas de todos los tiempos en todo el mundo porque había causado un impacto emocional intenso a nivel planetario.

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