Microrelatos

Burbuja

En un país lejano vivía un hombre a orillas de un río tibio. Desde el patio de su casa observaba cada noche un trozo de cielo recortado por las tapias de las casas colindantes.

Pasaba los días trabajando de sol a sol  en un taller de reparación de vehículos.

Pasaba las noches en vela descifrando la esfera celeste.

El tiempo transcurría despacio sin sobresaltos ni angustias.

Una tarde de verano el río tibio se evaporó dejando en su lugar una cicatriz reseca. Pero el hombre pensó que la lluvia del otoño repondría el cálido caudal que se había llevado el sol.

A la orilla de una cicatriz reseca vivía un hombre solo observando la bóveda oscura del cielo.

El otoño no trajo la lluvia. En su patio construyeron un bloque de pisos que le tapaba su trozo de cielo. El taller de reparación de coches cerró.

En un cubículo sin cielo vivía un hombre sin esperanza ni perspectiva.

Así que salió a la calle, se matriculó en una escuela de adultos, buscó un trabajo, construyó una casa, se enamoró de una princesa, plantó cientos de árboles, escribió muchos libros, fabricó un embalse de aguas cálidas, amasó una gran fortuna, hizo donaciones benéficas a países tercermundistas, viajó por todo el mundo y se lanzó al vacío desde la pasarela de vidrio del Grand Canyon Skywalk.grancanon

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Atonía

Soy una tortuga disecada. Vivo en el escaparate de una tienda de taxidermia que regenta un conocido escritor británico. Parezco viva pero estoy muerta. Muerta del todo. Hasta los ojos brillantes son falsos.

A veces me duele un oído cuando percibo frecuencias muy agudas. Pero no es dolor auténtico. Es un residuo de molestia difusa como el de las personas que sienten un miembro amputado.

No me muevo. No me arrastro. No vivo en una playa a merced de los depredadores. Me siento segura y protegida. Pero de mentira. Como estoy muerta sólo me imagino que siento cosas. Pero no. Ya os lo he dicho. Las tortugas disecadas no tienen sentimientos. De hecho son una especie en peligro de extinción. Pero no pasa nada. Ya están extinguidas pero nadie se ha dado cuenta.

Esta noche mi escritor británico se ha quedado dormido en el sofá de la trastienda porque escribe cosas tan aburridas que, a veces, se duerme aunque se haya tomado un café doble bien cargado.

Yo estaba despierta como un búho. Con esa molestia en la membrana del oído interno vibrando intensamente. Cómo si alguien me estuviera hablando desde otro mundo.

No puedo cerrar los ojos. Estoy obligada a verlo todo. Siempre. No tengo opción. Debo ver y escuchar tanto lo que me gusta como lo que no me gusta. No me parece justo.

Cuando he visto al hombre encapuchado que entraba en la tienda he querido gritar, para avisar al escritor de la llegada de un intruso con malas intenciones, pero no puedo. Me he quedado quieta, sorda, muda y muerta con los ojos brillantes mirando al frente en posición estática.

Ahora no veo nada. Creo que estoy dentro de un saco. Me voy de viaje. O eso parece. El intruso le ha pegado un tiro a bocajarro al escritor dormido y me ha cogido con sus suaves manos para llevarme con él.

Me siento emocionada. Mi vida ha dado un giro inesperado.tortuga-del-desierto_600

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Negro

Una sombra negra se arrastra por el frío asfalto de la calle del Olvido. La noche es tan oscura y glacial que oculta por completo el siniestro espectro.

Como una niebla impenetrable se impulsa por la pared de un bloque de pisos llegando hasta la ventana de la habitación donde sueña, dormido, un Ángel.

Hasta aquí has llegado,

Pequeño desdichado.

Las pesadillas de una madre revolotean feroces sobre ella  hasta hacerla convulsionar violentamente de estremecimiento. El corazón le ha saltado tan fuerte que se ha despertado, con el cuerpo empapado en un sudor frío como la noche, como la sombra, como el Ángel dormido que ya nunca despertará.crepuscle

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Tic Tac

He estado mirando fotos antiguas,  buscando en cada detalle una huella perdida.
He visto amplias sonrisas,  cabezas pegadas,  abrazos,  manos enlazadas,  ropas ajustadas,  cuerpos jóvenes al sol.  He reconocido a algunos  amigos,  monumentos,  playas, puestas de sol,  cenas,  fiestas,  barbacoas en el monte,  fuentes,  ríos,  autopistas,  habitaciones de hotel.
He visto niños que ya son hombres,  viejos que se marcharon,  peluches de bebé,  reuniones familiares,  momentos con los compañeros del trabajo,  ferias,  conciertos,  bodas,  comuniones y bautizos.  Ningún funeral.  Nunca me llevo la cámara a un sitio triste.
He visto un trozo de mi vida retratada, revelada y ordenada cronológicamente en un montón de álbumes numerados que guardo en mi biblioteca junto con todos los libros que,  de los muchos que he leído,  me apetece conservar.
Pero no tengo dónde guardar los sentimientos desbordados,  las emociones contenidas,  los recuerdos que se meten en los huesos con una fuerza irresistible,  las lágrimas que una vez salieron de mis ojos,  las decepciones,  los propósitos,  los logros,  los aprendizajes,  los golpes de la vida, las alegrías incontrolables,  el placer que me desconecta del mundo,  las caricias,  los abrazos,  el dulce sabor de la armonía,  lo que puedo notar con los ojos cerrados pensando sólo en tí.img_20151117_153606.jpg

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